Enredaderas Nocturnas
En esencia resultaba tan caótica y enredada como ellas, era tan peligrosa con la noche que adelantaba al día, el amanecer y el atardecer se convirtieron en sus mejores amantes, el silencio en su mayor confidente. Era una cautivadora de la naturaleza, dueña de los susurros cargados de erotismo y adicta a las vibraciones que su alma desprendía. Ella, tan oscura ante la carencia de luz que tropezaba con las tinieblas, tantas veces, que aprendió a amarlas, hija de la luna, amiga de las estrellas, para muchos resultaba excesiva e indomable, para la extinción inalcanzable, tan etérea que huye de su presencia femenina de sus curvas solo quedó el tacto del tiempo y del tiempo solo quedó el tacto de sus curvas, enredada entre sábanas mojadas de dolor y placer parecía ser cuando más recordaba que temía al amor y huía de su cordura, dominaba al corazón como al raciocinio, el vacío interno se enredó entre tanto enredo, el placer se hacía dolor, el dolor se convertía en placer, el amor había olvidado su camino y ella, para entonces, ya había olvidado el camino del amor.
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